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¿Cómo disfrutar un habano al máximo?

Fumar no se trata de enchufarse el puro en los labios y succionar el humo… es mucho más que eso. Ahora presentamos los aspectos más relevantes para lograr una fumada correcta y placentera.

Un apropiado disfrute de la fumada comienza con encender correctamente su puro. Este es un procedimiento clave y, por tanto, no debe subestimarse ni tomarse a la rápida. Un encendido incorrecto afecta la combustión y, en la mayoría de los casos, es el responsable de una quemada dispareja o de constantes apagadas.

Para llevar a cabo esta operación no se debe usar, bajo ninguna circunstancia, encendedores a bencina o velas ya que impregnan el aroma del puro con desagradables notas a petróleo. Se recomienda el uso de fósforos de madera, encendedores a gas butano o varillas de cedro. Aquí algunos comentarios para cada caso: siempre espere que la cabeza del fósforo se queme completamente antes de colocar la llama en el puro, ya que el sulfuro despide un aroma químico que lo contamina. En el caso de los encendedores a gas (normales o con llama láser), evite que la llama toque el puro –provoca desagradables notas a carboncillo– y verá que se enciende mejor cuando la llama está más lejos. Por último, el uso de la varilla de cedro (pueden ser las que vienen en el interior de los tubos y cajas de habanos) requiere cierta destreza porque la llama es inestable y volátil.

La clave es encender el puro lentamente y no quemar la capa o envoltura externa. El puro debe girarse sobre la llama para producir un encendido parejo en los bordes del pie. Una vez que todo el borde o anillo está encendido, sople suavemente la brasa para emparejar las zonas menos encendidas o agítelo con movimientos circulares. Luego lleve el puro a sus labios y coloque la llama a unos 4 centímetros del puro. Continúe el encendido rotando el puro y succionando el humo en forma suave para no recalentar el cigarro. El calibre o grosor del puro va a determinar el tiempo que se requiera para su encendido. A mayor calibre, mayor tiempo.

¿Hay reglas de oro para una fumada correcta? ¡Claro que sí! La primera y más importante es nunca aspirar el humo del puro, ya que le provocará una borrachera peor que la del alcohol. La segunda recomendación es fumar lentamente; un minuto entre bocanadas. Una fumada más rápida e intensa podría sobrecalentar el puro y dañar su sabor y estructura. Por otro lado, una fumada muy lenta podría provocar que su puro se apague constantemente.

Trate de dar pequeñas y suaves bocanadas para sentir los complejos aromas y sabores que entrega el humo al quemar las añejadas hojas del tabaco. Deje que el humo recorra todos los sectores de su paladar y su lengua. Busque aromas y sabores básicos como salinos, amargos, dulces y ácidos. Luego relaciónelos con productos como cuero, madera, cedro, castaña, café, cacao, vainilla, canela, anís, pomelo, pimienta, coco y, por supuesto, tabaco. Experimente después buscando las diversas texturas del humo; verá que hay puros que producen un humo muy denso y “cremoso”, mientras otros son ligeros y suaves. Con estos ejercicios podrá clasificar las diferentes marcas de puros según su aroma, sabor y textura, para luego encontrar el maridaje perfecto.



Otra recomendación importante es que evite mojar el puro en vinos o destilados. Tampoco mastique la cabeza del puro mientras fuma, eso solo dañará su sabor, textura y tiraje. Cuide el puro mientras lo fuma: evite fumar en lugares donde corra mucho viento; no lo apriete con los dedos, ya que rajará su capa y se desarmará; déjelo en el cenicero mientras no lo fuma, no lo mantenga en su boca; y tampoco hable mientras fuma.

Después de cada bocanada deje salir el humo lo más lentamente posible, recuerde que el humo es el producto por el que finalmente estamos pagando.

Para disfrutar al máximo la fumada se recomienda acompañar el puro de un destilado noble de larga crianza –mal llamado envejecido– o un licor complejo. La maduración en madera de los destilados produce aromas compuestos a tostado, caramelo, coco y vainilla, entre otros, que se complementan perfectamente con los sabores del humo del tabaco. Además, la alta carga alcohólica o dulzura de los destilados y licores –a diferencia de los vinos– lava su boca y contrarresta las notas amargas y astringentes del humo, que son provocadas por los taninos del tabaco. Ese “enjuague” de alcohol prepara su paladar para detectar nuevos sabores y complejidades en la siguiente bocanada.

La clave del placer está en encontrar el destilado o licor que respete y acompañe a su puro. Un destilado muy fuerte cubre o “mata” el sabor de un puro suave y viceversa. El secreto es probar, probar y probar hasta encontrar la pareja perfecta… No se quede solo con la usual combinación de cognac con habano. Pruebe con armagnac, tequilas reposados, bourbon, brandy, single malts y hasta algunos piscos añejados en barrica, también licores como Drambuie y Grand Marnier pueden ser buenos aliados. Se sorprenderá de los infinitos compañeros que puede conocer su puro.

Mi último consejo es que se relaje y se tome su tiempo para fumar. Recuerde todos los procesos que, durante al menos tres años, tuvo que pasar su habano para que pueda disfrutarlo en este momento. M

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